En nuestro"viaje"por el descubrimiento del patrimonio natural de la capital de Málaga, el pasado 10 de abril un grupo de alumnos y alumnas de 3ºESO junto y y yo visitamos el la desembocadura del río Guadalhorce. Se trata de un espacio declarado Paraje Natural debido a su riqueza ornitológica además de su interés paisajístico ya que constituye un verdadero oasis de una gran belleza paisajística en la capital malagueña. Alejandra M., una de nuestras alumnas, describe a continuación brevemente nuestra experiencia.
Anabel Gómez (Profesora de Biología)
Texto: Alejandra Mesa
¡Hola
aventureros! Hoy os voy a contar cómo fue nuestra salida del 10 de
abril, un día prácticamente despejado, con viento del noroeste,
nubes y claros y una temperatura de 21 grados. Cogimos el autobús
número cinco a las 16:30 y llegamos a Guadalmar a las 17:00. Desde
aquí y camino hasta la Desembocadura del río Guadalhorce pudimos
observar muy de cerca algunas especies como el gorrión común, la golondrina común, la cotorra argentina, y algo más lejos, en vuelo, al vencejo común,
al avión común y al avión roquero, además de palomas bravías,
mirlos comunes y tórtolas turcas. Cuando llegamos a la
Desembocadura, pudimos observar al estornino negro, al jilguero
europeo, un alcaudón común, una garza real quieta entre arbustos
que nos llamó mucho la atención porque era más grande de lo que
imaginábamos y tres más en vuelo con unas alas muy grandes de un
color gris precioso. Antes de llegar a la laguna grande fuimos en
busca de alguna señal o huella de algún mamífero y encontramos
huellas de gineta (concretamente un cagarrutero) y un nido de golondrina dáurica. Pudimos ver desde
lejos muchas aves y nos pusimos muy contentos. Cuando llegamos
pudimos observar un tarro blanco, chorlitejos chico y patinegro, un
archibebe común que se encontraba un poco sumergido en el agua y
moviéndose, varios cormoranes grandes, charranes patinegros en vuelo
y en el agua, y charrancitos comunes, cigüeñelas comunes, fochas
comunes, garcetas comunes, gaviotas reidoras y patiamarillas, y por
último lo que más nos gustó fueron los flamencos que se
encontraban todos juntos y creíamos que junto a ellos había otras
aves porque cuando abrían las alas eran de color rojas y negras y no
pensábamos que fuesen suyas. Volvimos al autobús un poco tristes
por abandonar aquel mágico lugar, en el que se nos hizo muy corta la
estancia , pero estábamos contentos de haber vivido esa bonita
experiencia, de observar 26 especies diferentes de aves, de disfrutar
de la naturaleza, la vegetación, y el agradable tiempo que hizo.
¡Hasta nuestra próxima aventura!
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